Orientaciones para cuidar, contener y sostener
Cuando una emergencia atraviesa a una comunidad, niños y niñas también la viven, aunque muchas veces no sepan cómo nombrarla. Desde el mundo adulto podemos ofrecer un sostén fundamental: cuidar lo que perciben, cómo acompañamos sus emociones y qué espacios les brindamos para elaborar lo vivido.
Estas orientaciones buscan apoyar a familias y educadores en el delicado acto de proteger y contener a la infancia en tiempos difíciles.
Cuidar lo que llega a los sentidos
Los niños y niñas perciben el mundo principalmente a través de imágenes, sonidos y el ambiente emocional que los rodea. Limitar la exposición a noticias, videos o conversaciones intensas ayuda a proteger su mundo interno.
No se trata de negar lo que ocurre, sino de dosificar y mediar aquello que aún no pueden procesar solos.
Hablar con verdad simple y medida
Cuando surgen preguntas, es suficiente responder con palabras claras y breves, ajustadas a la edad. Evitar detalles gráficos o explicaciones excesivas permite que la información no se transforme en angustia.
Muchas veces, una respuesta sencilla y honesta es más contenida que un largo relato.
Sostener la calma desde la presencia adulta
Más allá de lo que se dice, los niños y niñas leen el tono de voz, los gestos y el estado anímico del adulto. Respirar, bajar el ritmo y mostrarse disponible comunica seguridad.
La calma no es indiferencia: es un acto consciente de cuidado.
Dar espacio a las emociones, sin apurarlas
Miedo, pena, rabia o confusión pueden aparecer de distintas formas: preguntas reiteradas, juego repetitivo, silencio o inquietud corporal. Nombrar lo que sienten —sin corregir ni minimizar— les ayuda a sentirse acompañados.
No es necesario resolver de inmediato; a veces basta con estar.
Proteger el ritmo cotidiano
Mantener ciertos horarios, rituales y actividades conocidas (comidas, juegos, canciones, cuentos) ofrece un anclaje cuando el entorno externo se vuelve incierto.
El ritmo diario actúa como un sostén invisible que devuelve confianza.
Ofrecer caminos expresivos
El dibujo, el modelado, el juego libre, el movimiento o el relato permiten que lo vivido se transforme sin necesidad de palabras.
Estas formas expresivas son especialmente valiosas en escuelas y hogares afectados, donde lo emocional necesita un cauce respetuoso.
Incluir a los niños y niñas en gestos de ayuda concreta
Transformar la preocupación en acción puede ser profundamente reparador. Invitar a los niños y niñas a participar en gestos simples —como reunir agua, líquidos o alimentos y llevarlos juntos a un punto de acopio— les permite sentir que pueden aportar desde su lugar.
Nombrar la solidaridad, el cuidado mutuo y la ayuda comunitaria fortalece la confianza en el mundo y en los otros.
En comunidades directamente afectadas
En escuelas y familias del sur, es importante priorizar el vínculo, la escucha y el cuidado emocional por sobre las exigencias formales.
El aprendizaje, en estos momentos, ocurre principalmente en la experiencia de sentirse acompañado.
Acompañar en la emergencia no requiere respuestas perfectas, sino presencia, conciencia y pequeños gestos que devuelvan sentido y cuidado.
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Equipo Lucerna
Cuidando la infancia, hoy y siempre.
